ESPACIO LITERARIO

POETA JOSÉ MANUEL CABALLERO BONALD

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José Manuel Caballero Bonald

José Manuel Caballero Bonald (Jerez de la Frontera11 de noviembre de 1926) es un escritor y poeta español.1 La cuidadosa utilización del lenguaje, un léxico muy cuidado y el barroquismo caracterizan su obra.

FUENTE: http://es.wikipedia.org

 

José Manuel Caballero Bonald

Vida

De padre cubano y madre de ascendencia aristocrática francesa, estudió Filosofía y Letras en Sevilla entre 1949 y 1952 y naútica y astronomía en Cádiz. En estos mismos años comenzó a relacionarse con los cordobeses de la revista Cántico, como Pablo García Baena.

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Galego: Camilo José Cela, Padrón, Galicia Publish by= Luis Miguel Bugallo Sánchez. (Photo credit: Wikipedia)

Galego: Camilo José Cela, Padrón, Galicia Publish by= Luis Miguel Bugallo Sánchez. (Photo credit: Wikipedia)

Su carrera continuó en Iberoamérica,2 donde fue profesor universitario en Bogotá y colaboró con Camilo José Cela y con el proyecto del Instituto de Lexicografía de la Real Academia Española. Además tuvo un idilio de siete años con la primera mujer de éste, Rosario Conde.3 4 Doctor Honoris Causa por la Universidad de Cádiz en 2004.5

Doctor honoris causa 550 falcon sanabria rDoctor honoris causa 550 falcon sanabria r (Photo credit: Wikipedia)

En abril de 2009 publica La noche no tiene paredes, un poemario compuesto por 103 poemas donde hace una reivindicación de la incertidumbre, porque, en sus propias palabras, «el que no tiene dudas, el que está seguro de todo, es lo más parecido que hay a un imbécil6

En 1986 se inauguró un instituto con su nombre,7 y en 1998 se contituyó la fundación que lleva su nombre, Fundación Caballero Bonald.

English: Caballero Bonald Foundation, Main bui...English: Caballero Bonald Foundation, Main building Español: Sede de la Fundación Caballero Bonald (Photo credit: Wikipedia)

En una reciente entrevista comunicó que, tras la publicación de “Entreguerras”, su libro formado por un solo poema de casi 3.000 versos, “ya no voy a escribir nada”.8

También ha reivindicado la necesidad de dudar con una frase contundente: “El que no tiene dudas, el que está seguro de todo, es lo más parecido que hay a un imbécil”.

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Y ha reconocido que escribir poesía lo ayuda a mantenerse joven. “El permanecer en la brecha te rejuvenece. El que no se queda callado, el que iguala el pensamiento con la vida, tiene ya mucho ganado para rejuvenecer”, dijo al cumplir 80 años de edad.

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El 29 de noviembre de 2012 es galardonado con el Premio Cervantes.9

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Mañana, me decían

No podía ser niño en el pupitre
inhóspito, llamaban a alguien,
me miraba las manos, iba
parpadeantemente emborronando
las letras y los números, hendía
el sustantivo mapa carcelario.

Mañana, me decían. Pero
la deserción del tiempo, aquel estrado
limítrofe del mundo, aquella
disciplinaria división del odio,
me trababan la infancia para nunca.

Cuerpo sin ojos, ¿dónde
estaré mañana, con qué nudos
de sábados en sombra amarrarán
mi sueño, entre qué cuatro
indómitas paredes
irá mi libertad entumeciéndose?

Los cautelosos plátanos, la inmóvil
vendedora de estampas, el guardián
de los jueves, la flora combativa
como emblema, ¿siguen siendo mañana?

Oh injusto ayer entre inocentes
veredictos, fervor
de lo temprano junto al miedo
tardío de vivir, chorro de sed
de las aceñas clandestinas, calle
del Láudano que abría
sus ululantes puertas de prostíbulos
contra el mundo primero.

¿Qué me querías tú, luna
lluviosa, airada piedra
de la tarde, descoyuntado círculo
del tiempo? ¿Qué me querías,
dime, mísera prefectura
de los libros desérticos, tapial
de coros y de láminas,
vespertinas maderas
de vigilancia y de oración?

No podía ser niño en los escaños
hostiles, entre el terco
desdén de las empalizadas, junto
al silbo imperioso, bajo el látigo
del estupor y de las letanías.

Mañana, me gritaban. Pero
¿dónde estaré mañana, qué será
de mi tiempo, de qué van a servirme
tantos días sin mí? ¿Es necesario
el mundo, soy necesario yo,
me hago falta a mí mismo?

Crédula infancia sola entre respuestas
sin preguntas, déjame ser
equivocadamente el responsable
de mi quieta impaciencia de vivir.

Omar Ortiz la-femme-ii-140-x-180-cm

Signos favorables

En medio de la noche oigo
la vigilia ritual de la naturaleza,
el fragor de los turnos vegetales.
Desde las nubes migratorias viene
fraguándose la costra del verano,
la rezumante oferta de la tierra.

Estoy solo en el tiempo.
(Mi porvenir no existe.)
Ornamentales aguas tejen
las cautelosas mallas de la noche.
Siento el furioso afán de haber vivido
sin saber que vivía y no me pertenecen
mis holocaustos vanos, ni las otras verdades,
ni la fugacidad de tantos sueños.
(Si pudiera volver cuanto yo soy
sólo al amor que fui, no a su impostura.)

De pronto hallo en mí mismo el instrumento
que irá remunerándome de todo lo perdido:
es la conflagración de la esperanza.
Oh pasajero vaticinio, arma ciega de nadie,
que en el nocturno estrago deposita
la imposible renuncia de los años.

(Alguien canta en lo oscuro y me parece
que es mi olvido quien canta, que algo existe
en esa voz que es mío y me desprecia.)
Como la lluvia en un espejo, inerte
ya la imagen del desertor que he sido,
la noche me circunda de acechanzas.

Mi memoria es la voz del campo junta
y otra vez la esperanza allí me tienta.
Bajo las ramas de voluble encanto,
miro mi soledad surgir de nuevo:
los signos favorables le dan vida.

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Espera

Y tú me dices
que tienes los pechos rendidos de esperarme,
que te duelen los ojos de estar siempre vacíos de mi cuerpo,
que has perdido hasta el tacto de tus manos
de palpar esta ausencia por el aire,
que olvidas el tamaño caliente de mi boca.

Y tú me lo dices que sabes
que me hice sangre en las palabras de repetir tu nombre,
de lastimar mis labios con la sed de tenerte,
de darle a mi memoria, registrándola a ciegas,
una nueva manera de rescatarte en vano
desde la soledad en la que tú me gritas
que sigues esperándome.

Y tú me lo dices que estás tan hecha
a esta deshabitada cerrazón de la carne
que apenas si tu sombra se delata,
que apenas si eres cierta
en la oscuridad que la distancia pone
entre tu cuerpo y el mío.

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Anamorfosis

Este olor a achicoria y a orujo
y a crines de caballos y a verdín
con salitre y a yerba de mi infancia
frente a África, acaso
contribuya también a perpetuar
en no sé qué recodo del recuerdo
un equívoco lastre
de amor dilapidado y de injusticia
que en contra de mí mismo cometí,
y es como si de pronto
todo el furtivo flujo del pretérito
convirtiera en rutina
la memoria que tengo de mañana.

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Prefiguraciones

Unas palabras son inútiles y otras
acabarán por serlo mientras
elijo para amarte más metódicamente
aquellas zonas de tu cuerpo aisladas
por algún obstinado depósito
de abulia, los recodos
quizá donde mejor se expande
ese rastro de tedio
que circula de pronto por tu vientre,

y allí pongo mi boca y hasta
la intempestiva cama acuden
las sombras venideras, se interponen
entre nosotros, dejan
un barrunto de fiebre y como un vaho
de exudación de sueño
y otras esponjas vespertinas,

y ya en lo ambiguo de la noche escucho
la predicción de la memoria: dentro
de ti me aferro igual
que recordándote, subsisto
como la espuma al borde de la espuma,
mientras se activa entre los cuerpos
la carcoma voraz de estar a solas.

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